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Paulo Bittencourt

Libre Pensamiento, Humanismo, Ateísmo

“No quiero creer, quiero saber.”


¿Qué es Humanismo?

El Humanismo es una postura filosófica y ética progresista que afirma la dignidad y el valor inherentes de todo ser humano. Es ampliamente reconocido como una cosmovisión no teísta que se basa en la razón, la Ciencia y la empatía, en lugar de la revelación sobrenatural o divina, para comprender el Universo y guiar la conducta humana. Humanistas enfatizan que la moralidad es un producto natural de la cultura humana y la evolución social, buscando el bien común y la realización personal en la única vida que tenemos la certeza de tener.

Las raíces históricas del Humanismo se remontan a la antigua Grecia y Roma, donde filósofos como Sócrates y Aristóteles exploraron por primera vez la ética a través de la indagación humana. Sin embargo, floreció de manera más significativa durante el Renacimiento como un movimiento para recuperar e interpretar el saber clásico, desplazando el enfoque intelectual del escolasticismo medieval hacia el estudio de las humanidades (gramática, retórica, historia, poesía y filosofía moral). Esta transición colocó al hombre como la medida de todas las cosas, priorizando la acción y los logros humanos sobre los rígidos dogmas religiosos.

En la práctica contemporánea, el Humanismo secular moderno se define por su compromiso con el naturalismo científico y el rechazo de lo sobrenatural. Organizaciones internacionales importantes, como Humanists International y la American Humanist Association, lo definen como una postura democrática que afirma que los seres humanos tienen el derecho y la responsabilidad de dar sentido a sus propias vidas. Esto implica utilizar el pensamiento crítico y el razonamiento basado en la evidencia para abordar los desafíos globales, desde el cambio climático hasta la justicia social.

La ética dentro del Humanismo es situacional y autónoma, lo que significa que se deriva de las necesidades humanas y las consecuencias sociales, más que de mandatos teológicos. Humanistas creen que ser bueno sin Dios no solo es posible, sino necesario, ya que anima a las personas a actuar por compasión y preocupación por los demás, en lugar de por miedo al castigo divino o la esperanza de una recompensa en el más allá. Esta perspectiva promueve un fuerte enfoque en los derechos humanos universales, la responsabilidad social y el cultivo de una sociedad más humana.

En definitiva, el Humanismo ofrece una visión holística de la vida que celebra la creatividad humana, la imaginación y la búsqueda del conocimiento. Al reconocer la interconexión de toda la vida y la fragilidad de nuestro planeta, humanistas trabajan por un futuro donde el bienestar y la justicia se logren únicamente mediante el esfuerzo humano. Sigue siendo una filosofía dinámica, que evoluciona para abordar las nuevas fronteras éticas de la tecnología y la globalización, a la vez que se mantiene arraigada en los valores fundamentales de la razón y la dignidad humana.

“Los ojos del miedo quieren que pongas cerraduras más grandes en las puertas, compres armas, te encierres. Los ojos del amor, en cambio, nos ven a todos como uno solo. Esto es lo que podemos hacer para cambiar el mundo ahora mismo para mejor: Tomar todo el dinero que gastamos en armas y defensa cada año y gastarlo en comida, ropa y educación para los pobres del mundo. Pagaría con creces, sin excluir a ningún ser humano, y podríamos explorar el espacio, juntos, cerca y lejos, para siempre, en paz.”— Bill Hicks(It’s Just a Ride)
Humanismo y el Sentido de la Vida

Algunas personas creen que hay solo un sentido de la vida. Piensan que el Universo fue creado con un propósito y los seres humanos son parte de algún plan cósmico mayor. Creen que sentido viene de ser parte de ese plan, que estaría escrito en el Universo, a la espera de ser descubierto.

La visión humanista del sentido de la vida es diferente. Humanistas no creen que hay un obvio propósito para el Universo, y sí que es un fenómeno natural, sin proyecto alguno detrás de él. Sentido no es algo allá afuera esperando para ser descubierto, sino algo que nosotros creamos en nuestra propia vida. Aunque ese vasto e increíblemente antiguo Universo no haya sido creado para nosotros, todos estamos conectados a algo mayor que nosotros mismos, sea la familia y comunidad, una tradición que se extiende al distante pasado, una idea o causa que mira hacia el futuro o el bello y más amplio mundo natural en que nacimos y nuestra especie evolucionó.

Esa manera de pensar significa que no hay apenas un gran sentido de la vida, y sí que cada persona tendrá muchos diferentes sentidos de su vida. Cada uno de nosotros es único y nuestras diferentes personalidades dependen de una compleja mezcla de influencias de nuestros padres, ambiente y relaciones. Ellas cambian con la experiencia y alteración en las circunstancias. No hay recetas de vida sencillas que sean aplicables a todas las personas. Tenemos gustos, preferencias, prioridades y objetivos diferentes.

A una persona le puede gustar dibujar, caminar en la floresta o cuidar de sus nietos. A otra le puede gustar cocinar y ver telenovelas, saborear su vino favorito o probar nuevos tipos de comida. Podemos encontrar sentido en la familia, carrera profesional, dedicación a un proyecto artístico o reforma política, en simples placeres, como jardinería y pasatiempos, o miles de otras cosas, dando rienda a nuestra creatividad o curiosidad, a nuestras capacidades intelectuales o nuestra vida emocional.

El momento de ser feliz es ahora, y la manera de encontrar sentido en la vida es seguir adelante y vivirla tan plenamente y bien cuanto posible.

British Humanist AssociationTraducido por Paulo Bittencourt

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