Paulo Bittencourt

Libre Pensamiento Humanismo Ateísmo

“No quiero creer, quiero saber.”


Curándose del Síndrome del Trauma Religioso

Ayuda Para Dejar la Iglesia

¿Cuál la probabilidad de que una persona que nunca haya seguido religión alguna crea en seres y lugares invisibles? Pues. La mayor prueba de que religión es un lavado de cerebro es que te hace creer en cosas que no existen.

Aunque tienen una base común, obviamente las religiones no son iguales. Algunas son peores que otras. En tratándose del Cristianismo, cuanto más biblicista una denominación, más profundo el lavado de cerebro y, consecuentemente, más penosa la desprogramación, que puede llevar más tiempo si la persona, como dicen, fue criada en la iglesia.

Quien nunca fue miembro de iglesia, o de una salió con facilidad, no consigue imaginar que el Cristianismo pueda causar traumas psicológicos. Aunque en ella no (más) cree, ve la religión de Jesús como inofensiva. Eso se debe al hecho de que el Cristianismo es antiguo. Fue traído a las Américas hace 500 años por los europeos, que lo practicaban ya hace siglos. Por consiguiente, está enraizado en nuestra cultura. A él acostumbrada, la mayoría de las personas piensa solo en sus doctrinas bonititas, como perdón y caridad. La verdad es que el Nuevo Testamento enseña también cosas con el potencial de generar trastornos emocionales y que pueden continuar a atormentar las personas que ya salieron de la iglesia, por ejemplo:

Librarse de la iglesia es relativamente fácil, comparado con libertarse de la estructura psicológica de la religión cristiana. Ejemplos de patrones mentales reforzados por el Cristianismo:

Hace algún tiempo, te diste cuenta de que la Biblia contiene absurdos. Eso genera conflicto interno: fuiste inducido a considerar bueno el Cristianismo, pero, ahora, percibes que el libro en que él está fundamentado enseña también maldades. Por algún motivo, el lavado de cerebro religioso no está más consiguiendo forzarte a justificar las doctrinas perversas de la Palabra de Dios. Además, notas que entre mucho de lo que la Biblia dice y la realidad hay una gran discrepancia.

Quieres libertarte de esa prisión ideológica, pero ese es uno de aquellos casos en que hablar es fácil, hacer es que es difícil. Después de todo, el lavado de cerebro religioso pasó, quién sabe, décadas amenazándote de tortura en un lago de fuego y azufre por dudar. En ti, ella inculcó que hesitar es malo y culpa tuya: estás siendo débil y dando oídos al enemigo. Además, muy probablemente toda tu familia y todos tus amigos son evangélicos. Tal vez hasta trabajes para un miembro de la iglesia. Por ello, te sientes solo, tienes recelo y no sabes cómo proceder. Estoy seguro de que estas reflexiones te ayudarán:

Concientízate de que el miedo que tal vez todavía tengas de definitivamente romper con la religión fue embutido en ti por ella misma. No es necesario ser un genio para percibir que la amenaza de castigo infernal es un arma para impedirte huir de la prisión religiosa. Es Dios apuntando un revólver a tu cabeza y diciendo: “Cree en mí, obedéceme, ámame y adórame, si no…”. Ahora bien, cualquier sistema de ideas que te coaccione aceptar y te intimide a no cuestionar es perverso y merece ser tirado a la basura.

Sé honesto contigo mismo. La religión no está más haciendo sentido para ti. Entonces, deja de forzarla a hacer sentido. Exactamente como en una relación abusiva, la religión pone la culpa en ti y te manda esforzarte más. Cae en la realidad. Ya percibiste que religión es un universo paralelo. Deja, por tanto, de intentar vivir en el universo paralelo de la religión. Si, por recelo de lastimarlos o enojarlos, estás manteniendo las apariencias, haciendo de cuenta que todavía crees, un día tendrás que decir la verdad a sus familiares y amigos. No es fácil, pero necesario, para tener integridad personal y salud mental. No ahorres las personas de tener sentimientos negativos para con tu pérdida de fe. No estás cometiendo mal alguno. Tus relaciones pasarán por algunos desafiantes ajustes, pero valdrá la pena. Si eres un adolescente y tus padres te amenazan de castigo físico, denúncialos. Nadie tiene el derecho de te obligar ir a la iglesia.

Cálmate. Calmándote, retomarás el control de tu mente. La religión pasó años intoxicándote. Entonces, desintoxicarse de ella lleva tiempo. Tendrás que lidiar con diversas emociones y sentimientos, como ansiedad, rabia y soledad. Con todo, poco a poco reconquistarás la confianza en tu habilidad para pensar por ti mismo, expresar tus propios puntos de vista y tomar decisiones. Al fin, tus heridas sanarán. Te sentirás más fuerte y capaz de amarte y cuidar de ti mismo. Aun que te sientas solo, no lo estás. Mucha gente pasó por lo que estás pasando. Lee historias de desconversión. Si es difícil dejar el Cristianismo, piensa en cuanto más difícil es dejar el Islamismo. A pesar de ello, cada año miles de personas abandonan el Islam y se tornan ateas, o irreligiosas. Algunas comparten su experiencia en libros o en la internet.

Religión intoxica no solo intelectual, sino también psicológicamente, sobre todo si fuiste adoctrinado, es decir, intoxicado desde niño. Una persona puede libertarse de la religión y aun así continuar a ser por ella afectada. Doctrinas como Infierno y Fin de los Tiempos todavía pueden hacerla tener pesadillas. Haz el trabajo de curar las heridas del abuso religioso. Obtén apoyo y ayuda de todas las maneras que puedas, de grupos online y locales, pero, si necesario, también de un terapeuta.

Religiones tienen mucho en común con dictaduras. No quieren que sepas demasiado, descubras sus podredumbres. Pasaste años oyendo que la Biblia es divina y que tu iglesia fue instituida por nadie menos que el propio Creador del Universo. Aprender sobre como ese amontonado de copias de copias de más copias de trapos de fragmentos de pergaminos de la Edad del Hierro con historietas también de la Edad del Bronce fue compilado confirmará a ti que de divino la Biblia nada tiene, y investigar la historia de las iglesias acabará con el último rescoldo de encanto que todavía puedas tener por la tuya. Todas las denominaciones provienen de discordias y rupturas. El propio libro de la tapa negra cuenta que los primeros cristianos peleaban entre sí sobre quien sabía lo que Dios realmente quiere. No mucho después, los adoradores de Jesús vendrían a pasar siglos mutuamente masacrándose por causa de la Palabra de Dios. No hay, por tanto, razones para sentirte mal por rechazar la Biblia. Un libro que genera tanta arrogancia, confusión, división, hostilidad y violencia merece ser rechazado. La religión no está más controlando tu mente. Ahora, eres libre para adquirir conocimiento, por ejemplo, en Historia, Filosofía y Ciencia. Disfruta esa libertad.

El Cristianismo infantiliza las personas. Cosas buenas vienen de San Nicolás, alias Papá Noel (Dios) y cosas malas vienen de Krampus (Diablo). Eres un robotito controlado o por Jesús o por Satanás. La religión cristiana torna las personas también dependientes. “Débil y sin vigor”, como dice una famosa canción evangélica, no sales de casa sin implorar protección divina, y es sólo con la ayuda de Dios que alcanzas alguna cosa. Liberto de esa infantilidad, necesitarás repensar quién eres y qué es la vida. Tendrás que aprender a confiar en ti mismo y asumir responsabilidad por tus elecciones. Cría una vida en torno de nuevos valores y que funciona para ti. La vida es una aventura. Entonces, aventúrate. Ábrete para nuevas experiencias y amigos.

Evangélicos son condicionados a ver su iglesia como su familia y entrenados a repetir “Dios está en el comando”. Con su doctrina de recompensa tras la muerte, el Cristianismo te hace negar la realidad, alejándote del mundo. Ahora bien, perfección no existe en lugar alguno del Universo. Luego, en este planeta tampoco. Él, sin embargo, es el nuestro mundo. Entonces, encara la realidad. Encararla te ayudará encarrilar tu vida. Acepta la idea de que tu casa es la Tierra y tu familia, la Humanidad. Cualquier niño percibe que ningún dios está en el comando. Mejorar el mundo depende de nosotros. Puedes contribuir para la solución de algunos problemas. Estamos todos interconectados. Júntate a otros para tornar nuestra casa un lugar más agradable.

A medida que reconoces que formas parte no de un mundo invisible, imaginario, sino de este, el real, percibes que, al contrario de lo que la religión en ti inculcó, tienes valor y no necesitas merecer existir. Abraza esta vida, sin preocuparte de la próxima. Disfruta estar vivo. Tienes el derecho de gozar la vida sin sentimiento de culpa. Tu vida, ahora, no es regida por un montón de reglas, muchas de ellas ridículas, sino por solo una: no hacer mal. En vez de juzgar las personas, busca apreciarlas. Recupera tu creatividad y exprésate como quieras, y no más para glorificar un ser invisible. Ámate y enorgullézcate de ti mismo. Considerando que la religión todavía aprisiona la mente de miles de millones de personas, siéntete privilegiado y disfruta el inestimable placer de ser un librepensador.